Aburrirse para crecer: cómo el móvil está matando el poder transformador del tedio
Denostado como síntoma de vidas vulgares o personas improductivas, el aburrimiento tiene sus defensores. Por ejemplo, Byul-Chung Han, reciente premio Princesa de Asturias de Humanidades, para quien esa sensación sería la “cima de la relajación mental”. O Bertrand Russell, que en su obra cumbre La conquista de la felicidad, publicada en 1930, lanzó un alegato contra la fiebre del entretenimiento perpetuo con una advertencia final: “Una generación que no puede soportar el aburrimiento será una generación de gente pequeña”. Con casi un siglo de diferencia, ambos filósofos ven en el tedio un excelente abono para la imaginación fructífera. Una pausa —quizá molesta pero necesaria— que nos permite pensar más allá de inercias y prisas.
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